MUSICÁNDONOS: Vivaldi. O outono

VIVALDI. O OUTONO



Esta música me trae muchos recuerdos del otoño pasado, aquellos días que no tenía exámenes, solía salir de paseo, eso si después de abrigarme bien. No estoy yo como para aguantar resfriados, que tardan eternidades en desaparecer

Los otoños para mi suelen ser las estaciones con más misterio, me gustaría que el tiempo se parase en ellas pero por desgracia ahí es donde el tiempo de la forma más rápida

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Mi mundo, ese mundo en el que me cobijo, al que me evado y al que voy a soñar cuando quiero evadirme de la realidad a veces ingrata y otras, sin más...cotidiana; un mundo lleno de ilusión y esperanza donde todo es o parece ser perfecto , donde no hay fin y todo es infinito. En él habita " un alguien" que escucha mis inquietudes, mis ilusiones, mis sueños...

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Paxariños, abelliñas.

Violinos e contrabaixos.

Un cura que compón cen veces o mesmo concerto.

Italia, naquela época.

Góndolas e máscaras. Hai que escondelo! Como? Pois está claro: paseándoo por toda a cidade.

A arte imita á Natureza. Por que? Porque a Natureza non chega. Hai que ser máis.

Sentarse nun campo, escoitar, ver...

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Sonido de violines. ¿Qué me hace sentir? Supongo que ahora mismo la música atrae más mi atención hacia ella que hacia el hecho mismo de la escritura.

Las notas se suceden y evocan las escenas de suspense propias de películas o de libros.

Y, de repente, el silencio. Los violines se detienen y vuelven a emprender de nuevo la marcha. Ahora la suavidad y la dulzura nos inunda. La calma. Hasta que la fuerza y la velocidad ocupan su espacio. Vuelve a estallar con fuerza la música para detenerse finalmente.

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A comparación da vida co paso das estacións. O cambio de cada estación é como o cambio de cada etapa da vida. O paso da infancia, a adolescencia,…

O paso das estación durante un ano, o paso da vida dunha persoa. Como vai pasando a vida pouco a pouco sen decatarse que pronto se cambiará de ano, a ano tras ano, xeración tras xeración.

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Estoy paseando por unos jardines. El día es maravilloso y soleado a pesar del frío. El suelo está cubierto de hojas y algunas siguen cayendo a mi paso.

Veo mucha gente que conversa mientras camina. Algunos niños corretean y se esconden detrás de los árboles. Parece que ese día todo va a salir bien.

De repente baja mi estado de ánimo y surge algo de tristeza y melancolía, pero sólo dura unos instantes y al momento vuelvo a recuperar el entusiasmo.

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Invierno

Cae la nieve suave y lentamente, fuera hace frío, veo caer la nieve a través de la ventana, al calor de la chimenea, con un buen libro y una buena taza de chocolate caliente en la mano, vuelvo a dirigir mi mirada hacia la ventana, tras un largo rato ensimismada, la gente pasa sin detenerse, sigue nevando, y yo vuelvo a mi lectura, mientras le doy un buen trago a mi chocolate caliente, centrando mi atención al libro y dejándome llevar por la imaginación.

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Los otoños

Los otoños son como los despertares del adolescente. De esos adolescentes que les cuesta dejar atrás el pijama de mafalda, la sonrisa del inocente, el huevo con patatas… Lánguidos, suaves, sinuosos…

Los otoños llegan para quedarse, pero, a veces, el invierno los abofetea, apresuradamente, con furia… y ellos retroceden con la cara sonrojada, con los pasos cansinos del que sabe debe echar la vista atrás, algo queda allí, algo llama desde allí… Los otoños querían instalarse sobre los frágiles días amarillos… Prometen volver, y prometen volver para quedarse.

He nacido en otoño y en otoño quiero morirme, decía siempre Juan, “el tiñas”, el viejo Juan… Morirse en otoño para sentir allí abajo (¿o es allí arriba?) el peso de las hojas, el sereno viento que acaricia los callados rostros, el roce del dedo amado surcando cada letra de un nombre ya sin carne. Morirse porque sí, morirse para vivir…

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